Deleuze, hijo de Diógenes

Deleuze, filósofo, hijo de Diógenes y de Hipatia, residió en Lyon. Nada se sabe de su vida. Alcanzo la vejez, aunque fue frecuentemente muy enfermo. El ilustraba lo que él mismo decía: que hay vidas en las que las dificultades alcanzan el prodigio. Definía como activa toda fuerza que va hasta el límite de su poder. Es, decía, lo contrario de la ley. Así vivió, yendo siempre más lejos de lo que habría creído poder. Aunque explico a Crísipo, es sobre todo su constancia lo que le ha valido el nombre de estoico.
Fue uno de los más extraordinarios oradores de su tiempo, y el más grande de quienes tenían por profesión enseñar la filosofía. Lo comprendía un pequeño número. Fue perseguido; objeto de una envidia que jamás ceso. Despreciaba esas miserias a causa de la alegría de su vida que era filosofar.
De temperamento altivo, solo soportaba el pueblo. Pero su ironía era formidable. Su voz era de las más extraordinarias. Ateneo la compara con un rallador, después con un torrente de piedras. La elocución era de una extrema distinción, un poco cansada, la dicción lenta y dulce. Apolodoro compra su voz a la de un brujo. Era un hombre de una perfecta nobleza, que sentía horror por todo lo que menoscababa.
Escribió mucho, quizá más que ninguno, si se considera la densidad de sus obras. Si bien ha tratado, ampliamente, de lógica y de moral, hay que colocarlo en el rango de los físicos, incluso en el primero. Ha dejado un De la naturaleza , que Stobée coloca junto a los de Heraclito y Lucrecio, recordando un oráculo: en un porvenir muy lejano, no aparecerá nada tan grande, exceptuada una Etica, que no es la de Aristóteles.
Decía que bastaban tres anécdotas: el lugar, la hora y el elemento. Su lugar lo encontraba en el levante. En cuanto a la hora, es la hora de las profundas tinieblas: pues hay mucho terror en sus libros. Aún el cielo sufre de sus puntos cardinales y de sus constelaciones, decía. Para el elemento, nos está permitido vacilar, pues habló de todos con raro esplendor. Amaba apasionadamente la tierra; Aratos dice que era troglodita. De las aguas celebra las líneas melenudas, y el fuego, según él, es soluble. Sin embargo su elemento es aéreo, inclinación, suspenso y caida profunda.

André Bernold

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About Carlos de Landa Acosta

ensayista, traductor y artista digital
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