Karl Kraus: Mi fin del mundo

Aksel Waldemar Johannessen Auferstehung 1918

Soñé que llegaba justo a tiempo.
Llegaba en el momento justo
para ver el ocaso del mundo producirse ante mis ojos.
Por un pelo hubiese sido demasiado tarde.
Situado a un paso de Sorrento
¡Signore! gritó el dueño, y súbito
se hundió Capri, visto y no visto, en el mar.
Sin embargo no nos pareció sospechoso,
y una gigantesca llama apuntó hacia nosotros
porque alguien, al otro lado, jugaba con la llave del gas.
Lo más seguro, dijo uno, sería estar en Viena,
¿Cuándo sale el tren? Ya muestra el Vesubio
su lengua al mundo, lo más seguro es Viena.
El patrón se está ahogando y en Nápoles
cientos de proxenetas declaran su inocencia
porque todas sus putas están muertas.
En compensación, piden a los últimos muchachos.
Por supuesto, mucho más seguro sería estar ahora en Viena

  ¿Pero cómo ascender durante el hundimiento?
Arriba vaga un cometa, la luna trasnocha
y el sol, soñoliento, hace horas extra.
La gruta, no obstante, se ha tomado el día libre
y el azufre amarillo del cicerone
espanta, en el acto, a los viajeros.
Un Bravo Stuwer silba en los jardines
contribuyendo a los fuegos artificiales del cielo,
y desde la barca resuena la llamada de auxilio
de los antiguos sirvientes: ¡Tramontano!
También el grito de “¡Loreley!” está presente.
El lirista toca Bella Napoli
en eterna despedida. Quiere ver Nápoles
con su único ojo, ya que el otro está hecho polvo,
y morir. Llena de espanto transcurre la noche.
Un chulo con media oreja partida
la muestra como identificación.
Está aquí y allá y no me deja en paz,
asegurando, continuamente, ser el padrone.
Seguro que lo más seguro sería estar ahora en Viena.
¿Qué puede hacerse esta tarde en Sorrento?
Mi amada duerme con un mendigo,
llueve sangre y no tengo paraguas,
se cierra el cine, cientos de niños pobres
son despedidos y se reúnen en torno a mí
pidiendo un último cigarrillo.
Después mueren. Un cochero azota su caballo
y exclama “¡Ah!” con su última pasión.
¿Quién salvo yo está vivo aún? Si alguien viviera
debería valorar la pérdida en millones.
Ahora salta la marea, la llama prende en el mar
y se fija un letrero en la roca
sobre la que aparece en letra impresa:
¡Ciudadanos de la prensa, consejero imperial! ¡Salud!

versión: Sandra Santana

imagen: Aksel Waldemar Johannsen: Resurrección

Anuncios

About Carlos de Landa Acosta

ensayista, traductor y artista digital
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

1 Response to Karl Kraus: Mi fin del mundo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s