Ítaca: lectura de José María Pou

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Mary Shelley: Ven a mí en sueños

 

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Oh, ven a mí en sueños, mi amor;
no pediré una dicha más ansiada;
ven con haces estrellados, mi amor,
y con tu beso acaricia mis párpados.

Y así fue, como las antiguas fábulas dicen,
que el amor visitó a una doncella griega,
hasta que ella perturbó el hechizo sagrado,
y despertó para encontrar sus esperanzas traicionadas.

Pero el apacible sueño velará mi vista,
y la lámpara de Psique se oscurecerá,
cuando en las visiones de la noche
renueves tus votos para mí.

Entonces ven a mí en sueños, mi amor,
no pediré una dicha más ansiada;
ven con haces estrellados, mi amor.
y con tu beso acaricia mis párpados cerrados.

 *

Oh, come to me in dreams, my love!
I will not ask a dearer bliss;
Come with the starry beams, my love,
And press mine eyelids with thy kiss.

’Twas thus, as ancient fables tell,
Love visited a Grecian maid,
Till she disturbed the sacred spell,
And woke to find her hopes betrayed.

But gentle sleep shall veil my sight,
And Psyche’s lamp shall darkling be,
When, in the visions of the night,
Thou dost renew thy vows to me.

Then come to me in dreams, my love,
I will not ask a dearer bliss;
Come with the starry beams, my love,
And press mine eyelids with thy kiss.

 

versión: El espejo Gótico

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“Frankie”

“El tiempo es un gran maestro, aunque a veces mata a sus pupilos” Hector berlioz

 

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The Kinks – Time Song

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El Tiempo es Tiempo

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Arthur Rambaud: El Barco Ebrio

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Cuando yo descendía por Ríos impasibles,

Dejaron de guiarme mis buenos sirgadores:

Chillones Pieles Rojas, como a blancos sensibles,

Los habían saetado en postes de colores.

.

Poco me preocuparon esas tripulaciones;

Una vez terminadas sus crueles bataholas,

Yo, transporte de trigo flamenco o de algodones

Ingleses, a mi gusto proseguí por las olas.

.

Corrí en el chapoteo de fuertes marejadas,

Aún más imperturbable que cerebros de infantes,

Y las mismas Penínsulas desamarradas

No soportaron nunca vaivenes más triunfantes.

.

La tempestad bendijo mi despertar marino.

Más liviano que un corcho, sobre el agua agitada

Diez noches he bailado en revuelto destino

Sin recordar los faros de estúpida mirada.

.

Grata como a los niños la manzana jugosa

Penetró el agua verde en mi casco de pino

Y, arrastrando el arpeo y el timón, presurosa

Lavó manchas y vómitos azulosos de vino.

.

¡Me bañé, desde entonces, en el vasto poema

Del mar, del mar infuso de astros y lactescente,

Donde en azules verdes, a veces, la suprema

Sombra de algún ahogado se hunde, pálidamente;

.

Donde tiñendo, raudos, los fondos azulinos,

delirios, ritmos lentos bajo el diurno fulgor,

Más vastos que las liras y más fuertes que finos

Alcoholes se fermentan las pecas del amor!

.

Yo conozco los cielos que estallan, sé las lomas

Acuosas, las resacas, las trombas; sé la tarde,

Toda el alba exaltada cual pueblo de palomas,

Y he visto lo que el hombre sospecha en vano alarde.

.

He visto el sol manchado de místicos horrores

Iluminando larga coagulación violeta,

De dramas muy antiguos al parecer actores,

Contemplé los oleajes de lontananza inquieta.

.

He soñado con besos en ojos de los mares,

He soñado la noche verde con resplandores

Níveos, el fluir de savias, los bruscos despertares

Azules y amarillos de fósforos cantores.

.

Mes tras mes he seguido, igual que a vaquerías,

Histéricas, las olas en su asalto pujante,

Sin pensar que en su marcha fulgente las Marías

Llevasen del hocico al Océano jadeante.

.

¿Sabéis?, he descubierto increíbles Floridas:

Los ojos de panteras son flores entre humanas

Epidermis, los iris se tienden como bridas,

Bajo el cielo marino, a glaucas caravanas.

.

¡He visto fermentando los pantanos enormes,

Cestas en cuyos juncos se pudre un Leviatán;

En medio de las calmas cataclismos informes,

Lejanas cataratas que a los abismos van!

.

¡Cielos de brasa, heleros, oleaje nacarado,

Restos de encalladuras en los golfos brumosos

Donde el pie de los árboles de ramaje enroscado

Ruedan grandes serpientes de aromas tenebrosos!

.

¡Oh yo hubiese mostrado a un niño esas doradas

De la gran ola azul, esos peces cantantes!

Yo florecí de espumas al partir de las radas

Y, en vientos inefables, tuve alas por instantes

.

Mártir, algunas veces, de zonas fatigosas,

El mar cuyo sollozo suavizaba mi arfada,

Me aplicaba sus flores de amarillas ventosas

Y quedaba como una mujer arrodillada.

.

Península que mece en sus bordes querellas

De aves estrepitosas con ojuelos dorados,

Fui a pique; entre mis cuerdas, sumidos tras mis huellas,

A dormir descendían, de espalda, los ahogados…

.

¡Y yo, barco enredado entre las cabelleras

Profundas, en el éter sin pájaros perdido,

Yo, esqueleto embriagado que hanseáticas veleras

Nunca hubiesen pescado, con desdeñoso olvido.

.

Yo que flotaba loco, con los flancos cubiertos

De lúnulas eléctricas e hipocampos crinudos,

Cuando cálidos Julios volcaban los abiertos

Cielos ultramarinos en ardientes embudos,

.

Yo que trémulo oía el mugir encelado

De Behemots y de Malstroms, retumbantes tifones,

Perenne navegante de un azul serenado,

Como añoro la Europa de viejos malecones!

.

Yo vi los archipiélagos siderales, las islas

Con sus cielos abiertos a todo bogador:

¿Es allí donde duermes, allí donde te aíslas

Áureo millón de pájaros, oh futuro Vigor?

.

Sí, ya he llorado mucho. Las albas son dolientes.

Atroz es toda luna, triste la luz solar.

Ya el amor me ha colmado de torpezas fervientes.

¡Oh, que mi quilla estalle! ¡Oh, que me arrastre el mar!

.

Yo deseo de Europa la oscura lagunita

Donde, al caer la tarde que se muere olorosa,

Suelta un niño en cuclillas, con tristeza infinita,

Un barquichuelo frágil como una mariposa.

.

¡Ya no es posible, oh baño de olas, como antes

Adelantarse a otros transportes de algodones,

Ni cruzar el orgullo de enseñas tremolantes,

Ni nadar bajo el duro mirar de los pontones!

 

Le Bateau ivre

 

versión: ÁNGEL JOSÉ BATTISTESSA

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Giacinto Scelsi : Uaxuctum

“Los mayas regíanse de noche para conocer la hora que era por el lucero y las cabrillas y los astilejos.. De día, por el mediodía, y desde él al oriente y poniente, tenían puestos a pedazos nombres con los cuales se entendiían  y se regían para sus trabajos.”

Fray Diego de Landa (Relación de las cosas de Yucatán)

 

 

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Robert Desnos: Tanto Soñé Contigo

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Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad.
¿Todavía hay tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar
sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero?
Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre
mi pecho cuando abrazan tu sombra, quizá ya no podrían
adaptarse al contorno de tu cuerpo.
Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y
me gobierna desde hace días y años, seguramente me
transformaré en sombra.
Oh balances sentimentales.
Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar.
Duermo de pie, con mi cuerpo que se ofrece a todas las
apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta
ahora para mí, más difícil me resultará tocar tu frente
y tus labios que los primeros labios y la primera frente
que encuentre.
Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de
tu fantasma que ya no me resta sino ser fantasma entre
los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que
siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.

Versión de Aldo Pellegrini

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Robin Myers: Poema de amor para Carl Sagan

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Un hombre y una mujer flotan, sin tocarse, en el espacio.

Espacio es una palabra que usamos para vacío,

es decir, un lugar donde no estamos nosotros.

Grabados en su placa metálica, flotan, el hombre y la mujer,

sus manos separadas, hacia cualquier clase de nada

que los absorba, cualquier clase de criatura que algún día

pueda extender un apéndice, membrana, hueco

o algún otro receptor misterioso que pudiera tener

para recibirlos, o no, en un intento de aprender, o no,

qué es una mujer, qué es un hombre,

la forma de sus pantorrillas, cómo se acomodan sus dedos

en un gesto de bienvenida o de reposo.

El hombre y la mujer, flotando en el espacio,

no se tocan, para que la criatura inimaginable

no los confunda con un solo organismo

amorfo, semisimétrico,

unido en el eje que entendemos como manos.

El hombre y la mujer que no se tocan

son cada uno una silueta sólida, de rostro plácido, lisos

por diseño, sus cuerpos desprovistos de color, órganos, accesorios

que revelarían su particularidad a Río de Janeiro, por ejemplo,

al cinturón bíblico, la selva del Congo, el desierto del Sahara

o cualquier otro lugar.

El pene del hombre está presente y flácido.

La vagina de la mujer pulcramente triangular, sin fisura,

para apaciguar a los censores. No hay,

quiero ser clara, absolutamente ningún punto de contacto.

¡Ay, Carl Sagan, la presión!

El terrible peso de la responsabilidad

forjado en el metal, precipitándose ahora castamente

a través de la infinita virginidad del espacio.

Qué tarea, esta inmutable lección de dos dimensiones

sobre la anatomía de todos: pasteurizados

en líneas, decoro y proporciones aproximadas;

sin carne ni funciones ni fricciones de ninguna clase,

sin lunares ni cicatrices ni amputaciones marcadas por líneas de ensamble

ni barbas, por supuesto nada de vulvas

y sin involucrarse, en el sentido

en que mi pie está involucrado con el calcetín, el zapato, la alfombra,

la doctora involucrada con el termómetro

que coloca debajo del brazo del anciano

y con el hombre al que le pertenecen el brazo y la axila.

Sobre nosotros, un hombre y una mujer,

sin tocarse, ahora para siempre

intocables en nuestra memoria,

flotan en el espacio,

como dioses, finalmente, como siempre quisimos,

o al menos en la única manera

que podemos ser dioses.

Está bien, Carl Sagan,

está bien, es cierto.

Con el bosquejo de cualquier forma humana

como retrato definitivo de lo que somos y hacemos,

simplemente no habría manera de evitar la mutación:

una niña en bicicleta se vuelve mítica,

una bestiecilla con alas de dos ruedas

y contornos que cambian de forma con el viento.

¿Qué pensarían de nosotros, esos otros inconcebibles—

ajenos a nosotros en la textura de su piel, si tienen piel,

en sus intimidades con el tiempo, si cuentan el tiempo,

en la cuestión de su antojo por la sal,

si tienen antojos, si ellos son de hecho ellos—?

Consideremos, entonces, la colección de animales:

Hombre y mujer tomados de la mano para luego soltarlas.

Hombre cepillando el pelo de hija.

Mujer pasando la lengua por clavícula de mujer.

Hombre ahorcando a hombre.

Mujer y hombre y hombre y mujer y mujer y mujer

y hombre y mujer y hombre y mujer acurrucados sin querer

unos con otros en el metro.

Mujer desgarrando un hueso de puerco con los dientes.

Hombre meciendo una pistola.

Muchacha tocándose hasta quedarse dormida en choza con techo de lámina corrugada.

Niño besando niño en la sombra de lago y esperando

sesenta años para hablar del tema.

Hombre acercándose a mujer en colchón que memoriza su forma

y sin embargo los olvida mientras ellos luchan

para encontrarse en el centro fundido de lo que sienten

y desaparecer en el espacio que los separa.

Hace poco, un hombre y yo nos sentamos junto a una cascada

con las piernas en la corriente y nuestros hombros tocándose.

Sé que sentí el cuerpo salvaje y vasto del río

y el cuerpo breve y cálido del hombre y sé

que mi cuerpo estaba involucrado con los dos, y ¿quién puede negar

que hayamos formado, juntos,

aunque sea por un momento,

un nuevo animal?

 

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Versión de Isabel Zapata.

 

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Juan Ramón Jiménez: Espacio (fragmento)

Lars van de Goor

Los dioses no tuvieron más sustancia
que la que tengo yo. Yo tengo, como ellos,
la sustancia de todo lo vivido
y de todo lo por vivir. No soy presente sólo,
sino fuga raudal de cabo a fin. Y lo que veo
a un lado y otro, en esta fuga,
rosas, restos de alas, sombra y luz,
es sólo mío,
recuerdo y ansia míos, presentimiento, olvido.

¿Quién sabe más que yo, quién puede,
ha podido, podrá decirme a mí
qué es mi vida y mi muerte, qué no es?
Si hay quien lo sabe,
yo lo sé más que ése, y si lo ignora,
más que ése lo ignoro.
Lucha entre este saber y este ignorar
es vida, su vida, y es la vida. Pasan vientos
como pájaros, pájaros igual que flores,
flores soles y lunas, lunas soles
como yo, como almas, como cuerpos,
cuerpos como la muerte y la resurrección,
como dioses. Y son un dios
sin espada, sin nada
de lo que hacen los hombres con su ciencia;
sólo con lo que es producto de lo vivo,
lo que se cambia todo; sí, de fuego
o de luz, luz. ¿Por qué comemos y bebemos
otra cosa que luz o fuego? Como yo he nacido
en el sol y del sol he venido aquí a la sombra, ¿sol del sol, como el sol alumbro?, y mi nostalgia, como la de la luna, es haber sido sol
y reflejarlo sólo ahora. Pasa el iris
cantando como yo. Adiós iris, iris,
volveremos a vernos, que el amor
es uno solo y vuelve cada día.

 

imagen: Lars van de Goor

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