Georg Trakl: Una tarde otoñal

 

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a Karl Rock

 

La aldea color castaño. Algo oscuro se muestra
Paso a paso en los muros que se alzan en otoño,

Figuras: lo mismo el hombre que la mujer, muertos van

Por habitaciones frescas a preparar su lecho.

Aquí juegan los niños. Sombras pesadas se ensanchan

Encima del estiércol. Las niñas van
Por un húmedo azul y a veces los miran

Con ojos llenos del repiqueteo de la noche.

Hay una taberna para los solitarios
Y un demorarse con paciencia bajo oscuros arcos,

Bajo nubes doradas de tabaco.

Y sin embargo, he aquí al ser negro y cercano.

Bajo las sombras de viejos arcos,
El ebrio medita sobre las aves salvajes a lo lejos.

 

versión: Pura López Colomé

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Robert Lowell: Los Hijos​ de la Luz

Hindenburg | U.S. Naval Station | Lakehurst New Jersey | 5.6.1937 .jpg

 

Nuestros padres extrajeron pan de los troncos y las piedras

y con los huesos de los pieles rojas cercaron sus cultivos;

habían zarpado de un  puerto neerlandés, 

peregrinos despojados de eucaristía

por la noche de Ginebra; y plantaron aquí

las semillas luminosas de la Sierpe;

y aquí el giro de los faros interroga

los ruidosos rascacielos construídos en la roca

y los cirios se consumen junto al altar vacío

y la luz está donde la sangre sin descanso de Caín

hace arder, arder, el insepulto grano

versión: José Homero

imagen:  el incendio del Hindenburg., New Jersey, 1937

 

 

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Rainer María Rilke: Soledad

Floriana Barbu; The bicyclist.

La soledad es como la lluvia,

que sube del mar y avanza hacia la noche.

De llanuras lejanas y perdidas

sube hasta el cielo, que siempre la recoge.

 Y sólo desde el cielo cae en la ciudad.

Es como una lluvia en horas indecisas

cuando todas las sendas apuntan hacia el día

y cuando los cuerpos, que no encontraron nada,

se apartan unos de otros, defraudados y tristes;

y cuando los seres que mutuamente se odian

deben dormir juntos en una misma cama.

Entonces la soledad se marcha con los ríos…

París, 21-9-1902

versión: Antonio Pau

imagen: Fiorana Barbu: El ciclista

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Karl Kraus: Mi fin del mundo

Aksel Waldemar Johannessen Auferstehung 1918

Soñé que llegaba justo a tiempo.
Llegaba en el momento justo
para ver el ocaso del mundo producirse ante mis ojos.
Por un pelo hubiese sido demasiado tarde.
Situado a un paso de Sorrento
¡Signore! gritó el dueño, y súbito
se hundió Capri, visto y no visto, en el mar.
Sin embargo no nos pareció sospechoso,
y una gigantesca llama apuntó hacia nosotros
porque alguien, al otro lado, jugaba con la llave del gas.
Lo más seguro, dijo uno, sería estar en Viena,
¿Cuándo sale el tren? Ya muestra el Vesubio
su lengua al mundo, lo más seguro es Viena.
El patrón se está ahogando y en Nápoles
cientos de proxenetas declaran su inocencia
porque todas sus putas están muertas.
En compensación, piden a los últimos muchachos.
Por supuesto, mucho más seguro sería estar ahora en Viena

  ¿Pero cómo ascender durante el hundimiento?
Arriba vaga un cometa, la luna trasnocha
y el sol, soñoliento, hace horas extra.
La gruta, no obstante, se ha tomado el día libre
y el azufre amarillo del cicerone
espanta, en el acto, a los viajeros.
Un Bravo Stuwer silba en los jardines
contribuyendo a los fuegos artificiales del cielo,
y desde la barca resuena la llamada de auxilio
de los antiguos sirvientes: ¡Tramontano!
También el grito de “¡Loreley!” está presente.
El lirista toca Bella Napoli
en eterna despedida. Quiere ver Nápoles
con su único ojo, ya que el otro está hecho polvo,
y morir. Llena de espanto transcurre la noche.
Un chulo con media oreja partida
la muestra como identificación.
Está aquí y allá y no me deja en paz,
asegurando, continuamente, ser el padrone.
Seguro que lo más seguro sería estar ahora en Viena.
¿Qué puede hacerse esta tarde en Sorrento?
Mi amada duerme con un mendigo,
llueve sangre y no tengo paraguas,
se cierra el cine, cientos de niños pobres
son despedidos y se reúnen en torno a mí
pidiendo un último cigarrillo.
Después mueren. Un cochero azota su caballo
y exclama “¡Ah!” con su última pasión.
¿Quién salvo yo está vivo aún? Si alguien viviera
debería valorar la pérdida en millones.
Ahora salta la marea, la llama prende en el mar
y se fija un letrero en la roca
sobre la que aparece en letra impresa:
¡Ciudadanos de la prensa, consejero imperial! ¡Salud!

versión: Sandra Santana

imagen: Aksel Waldemar Johannsen: Resurrección

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Karl Kraus: Confesión

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Soy tan sólo uno de los epígonos

que habitan la antigua casa del lenguaje.

 

Pues vivo mi propia experiencia en su interior,

estallo entre sus muros y destruyo Tebas.

 

Siguiéndolos, llegué tras los antiguos maestros,

por ello he de vengar con sangre el destino del padre.

 

 

De venganza os hablo. Quiero vengar

la lengua de todos aquellos que la hablan.

 

Soy un epígono que presiente el valor de su linaje

¡Pero vosotros sois los diestros tebanos.

 

versión: Sandra Santana

imagen: Karl Karaus (1930) por Trude Flieschmann

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San Agustín: la memoria y la espera

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“Resulta evidente que el futuro y el pasado no existen, y que es impropio decir: ‘Tres son ls tiempos: pasado, presente y futuro’. Debería decirse: Tres son los tiempos: el presente del pasado, el presente del presente, el presente del futuro’. Estas tres formas existen en el alma, no veo otro lugar como posible: el presente del pasado es la memoria, el presente del presente es la intuición directa, el presente del futuro es la espera”.

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Xavier Villaurrutia: Nocturno miedo

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Todo en la noche vive una duda secreta:
el silencio y el ruido, el tiempo y el lugar.
Inmóviles dormidos o despiertos sonámbulos
nada podemos contra la secreta ansiedad.

Y no basta cerrar los ojos en la sombra
ni hundirlos en el sueño para ya no mirar,
porque en la dura sombra y en la gruta del sueño
la misma luz nocturna nos vuelve a desvelar.

Entonces, con el paso de un dormido despierto,
sin rumbo y sin objeto nos echamos a andar.
La noche vierte sobre nosotros su misterio,
y algo nos dice que morir es despertar.

¿Y quien entre las sombras de una calle desierta,
en el muro, lívido espejo de soledad,
no se ha visto pasar o venir a su encuentro
y no ha sentido miedo, angustia, duda mortal?

El miedo de no ser sino un cuerpo vacío
que alguien, yo mismo o cualquier otro, puede ocupar
y la angustia de verse fuera de sí viviendo
y la duda de ser o no ser realidad.

imagen: Enrique Metinides

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Gilles Deleuze: La ascensión del filósofo

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La imagen del filósofo, tanto la popular como la científica, parece haber sido fijada por el platonismo: un ser de las ascensiones, que sale de la caverna, se eleva y se purifica cuanto más se eleva. En este «psiquismo ascensional», la moral y la filosofía, el ideal ascético y la idea de pensamiento han anudado lazos muy estrechos. Dependen de ella, la imagen popular del filósofo en las nubes, y también la imagen científica según la cual el cielo del filósofo es un cielo inteligible que nos distrae de la tierra de la que no comprende su ley. Pero, en los dos casos, todo ocurre en las alturas (aunque sea en la altura de la persona, en el cielo de la ley moral). Cuando preguntamos: «¿qué significa orientarse en el pensamiento?», parece que el mismo pensamiento presupone ejes y orientaciones según los cuales se desarrolla, que tiene una geografía antes de tener una historia, que traza dimensiones antes de construir sistemas. La altura es el Oriente propiamente platónico. La operación del filósofo se determina entonces como ascensión, como conversión, es decir, como el movimiento de girarse hacia el principio de lo alto, de donde procede, y determinarse, llenarse y conocerse al amparo de una tal moción. No deben compararse las filosofías y las enfermedades, pero hay enfermedades propiamente filosóficas. El idealismo es la enfermedad congénita de la filosofía platónica y, con su sucesión de ascensiones y caídas, la forma maníacodepresiva de la filosofía misma. La manía inspira y guía a Platón. La dialéctica es la fuga de las Ideas, la Ideen flucht: como dice Platón de la Idea, «ella huye o perece…». Incluso en la muerte de Sócrates hay algo de un suicidio depresivo.

 

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Nezahualcóyotl: Percibo lo secreto…

Mask of Xiutecuhlti, god of fire; 1325-1521 CE, Aztec-Mixtec, Mexico

Percibo lo secreto, lo oculto:
¡Oh vosotros señores!
Así somos, somos mortales,
De cuatro en cuatro nosotros los hombres,

Todos habremos de irnos,
Todos habremos de morir en la tierra…

Nadie en jade,
Nadie en oro se convertirá:
En la tierra quedará guardado

Todos nos iremos
Allá, de igual modo.
Nadie quedará, Conjuntamente habrá que perecer,

Nosotros iremos así a su casa.

Como una pintura
Nos iremos borrando.
Como una flor,
Nos iremos secando
Aquí sobre la tierra.
Como vestidura de plumaje de ave zacuán.

De la preciosa ave de cuello de hule,

Nos iremos acabando

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Loca Academia de Poesía

“Estos son ahora los años y los muros del salón, los vientos y los nubarrones del mar entablonado, gobernados por el marino que usa el reloj que dice la hora del irritado hombre que yace en el manicomio…”

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